…la fotografía que es compuesta, manipulada y ficcionalizada de forma autorreflexiva, el denominado método dirigido… La estrategia de este método es utilizar la aparente veracidad de la fotografía en su propia contra, creando así las ficciones a través de la apariencia de una realidad sin costuras en la que se ha tejido una dimensión narrativa. Las fotografías de Cindy Sherman operan de esta forma, pero sólo para exponer una dimensión no deseada de esta ficción, ya que la ficción que Sherman revela es la ficción del yo. Sus fotografías demuestran que el supuesto yo autónomo y unitario a partir del que esos otros “directores” creaban sus ficciones no es más que una serie discontinua de representaciones, de copias, de falsificaciones.
Todas las fotografías de Sherman son autorretratos donde aparece disfrazada representando un drama cuyos detalles no se revelan. Esta ambigüedad de la narración es análoga a la ambigüedad del yo, que es tanto actor de la narración como su creador. Porque aunque Sherman literalmente se crea a sí misma en estas obras es creada a imagen y semejanza de estereotipos femeninos ya conocidos; por tanto, su yo depende de las posibilidades ofrecidas por la cultura de la que participa, y no de un impulso interior. Así sus fotografías invierten los términos del arte y de la autobiografía. Se sirven del arte para no revelar el verdadero yo del artista, sino para mostrar el yo como constructo imaginario. En estas fotografías no hay una Cindy Sherman real sino sólo los papeles que adopta. Y no es ella quien crea estos papeles, sino que, al igual que hacemos todos, los escoge. Prescinde de la pose de autoría no sólo a través de los medios mecánicos que le permiten realizar la imagen, sino a través del hecho de borrar, de las escenas representadas, cualquier persona continua y esencial, incluso cualquier rostro reconocible.
La actividad fotográfica de la posmodernidad (fragmento)
- Douglas Crimp

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